La entrevista comienza con
una pregunta ineludible.
–¿Se negoció con el Estado Mayor Presidencial
(EMP) la retirada del Zócalo después del Grito de los
libres?
–Nunca hablamos con el EMP. Todo se hizo por medio de un representante
de Marcelo Ebrard. ¿Pero por qué no empezamos –replantea
la dirigente de la Convención Nacional Democrática
(CND)– señalando que la semana pasada el Zócalo
fue un espejo del país? De un lado estaba el México
profundo, alegrándose con la primera feria de arte popular
organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito
Federal (GDF), donde los artesanos dieron muestras de lo que son
capaces de crear pese al abandono y la pobreza, mientras en el otro
lado de la plaza estaba el México profundamente imbécil,
con vallas, desconfianza, policías y temor. Y para completar
el cuadro, un enorme templete de OCESA-CIE uniendo a la Catedral
(y a su gerente general acusado de proteger a pederastas) con el
Palacio Nacional (y a su minigerente impugnado porque se robó las
elecciones). ¿Me explico? Pero todo cambió cuando el
sábado 15, con tres cuartas partes de la plaza ocupadas por
la resistencia, el Zócalo amaneció dentro de un cerco
militar.
–¿Cómo fue la negociación?
–A las 4 de la mañana el EMP pone un sitio alrededor
del Zócalo y ve que hay cuatro grúas con torres de
sonido en el centro de la plaza. Ahí lanza a la PFP (Policía
Federal Preventiva) a rodearlas. Y también allí fue
que los compañeros de la resistencia salen de sus tiendas
a defender el templete y el sonido pacíficamente, hasta que
la PFP se retira. Pero luego sale el sol y llegan mil 200 tamales
que nos habían donado para la gente que se quedó a
dormir. Ah, pues a las 6:30 de la mañana la PFP decide que
no pasan porque vienen en tambos de metal. Sólo aceptaron
que los metiéramos en huacales, pero eso te da idea de cómo
estaba la cosa. El resto del día no dejaron entrar ni banderas,
ni cornetas, ni garnachas. El miedo de Calderón echó a
perder la fiesta del pueblo.
–¿Y la negociación?
–Como a las dos de la tarde comienza la presión en
serio. Nos dicen: o quitan esas grúas o el EMP va a entrar
a quitarlas como sea. No nos pareció justo, primero porque
esas grúas eran pagadas por la CND, no por el GDF, y segundo,
porque la resistencia civil pacífica las había defendido
en la madrugada, en circunstancias muy angustiosas, y dijimos que
no. Ahí nos llamaron al GDF.
–¿A quiénes..?
–Fuimos cuatro de la CND: Herón Escobar, Rafael Hernández,
David Cervantes y yo. También fue Froylán Yescas, de
Flor y Canto, y Ricardo Ruiz, del PRD-DF. Esto fue en el palacio
nuevo del GDF. Del otro lado estaba un licenciado Arias, la persona
a través de la cual el GDF habló con la CND y con los
del EMP. Éstos lo único que querían era que
hiciéramos las grúas para atrás, porque si no,
las iban a quitar a fuerzas. A esas alturas era obvio que la plaza
era nuestra, teníamos las tres cuartas partes de la plancha
y ellos estaban materialmente contra la pared. Y dijimos que no,
que nos íbamos a sentar alrededor de las grúas porque
teníamos el permiso de la delegación desde meses antes,
y que si querían quitarnos no íbamos a resistir con
violencia.
–¿Y
luego?
–Lo que sigue son las horas en que la Secretaría de
Cultura usó su equipo del templete para su fiesta, sin las
grúas de la CND, y OCESA puso el volumen altísimo que
hasta reventó varias de sus propias bocinas. De 3 a 6 de la
tarde hubo masa acústica insoportable que hacía que
la gente se saliera del Zócalo y nadie pudiera comunicarse
ni a 10 centímetros. En ese lapso hubo otras dos visitas al
GDF, en las que no se llegó a nada. Ya como a las 7 pm volvimos
a la mesa y nos dijeron: o dan su Grito de 9:45 a 10 y nosotros nos
callamos, o guerra. Así nos lo transmitieron. Con esas palabras.
–¿Ese
fue el acuerdo?
–¿Acuerdo? Fue una imposición. Todavía
nos quedamos deliberando pero a las 8 la presión ya era enorme,
no podían esperar más. Está bien, dijimos, si
tratamos de mantener nuestro sonido prendido hasta las 11 de la noche
el EMP nos lo va a cortar y no vamos a poder dar el Grito de los
libres, y aparte se arriesga que haya enfrentamientos. Y pues sí,
eso fue lo que se aceptó: que siguiera la fiesta del GDF hasta
que doña Rosario diera el Grito de los libres a las 9:45 y
ya después nos callábamos. Pero entonces también
decidimos, como CND, tomar el escenario del GDF a las 9 en punto
y usar esos 45 minutos para denunciar lo que nos habían estado
haciendo desde las cuatro de la mañana. Y ya viste, a las
9 ellos le bajaron a su sonido, yo empecé a hablar, ellos
le volvieron a subir durísimo hasta las 9:45. Sólo
eso cumplieron: callarse de 9:45 a 10.
–¿Y en qué momento se decidió la
retirada?
–Cuando doña Rosario terminó de hablar, los
que estábamos en el templete nos dijimos: y ahora qué.
Y Jesús Ramírez Cuevas me propuso: por qué no
le preguntas a la gente si nos quedamos o nos vamos. Y eso fue lo
que hice. Yo no argumenté nada, sólo pregunté,
nos vamos o nos quedamos. Y una mayoría muy evidente dijo
vámonos: 80 por ciento levantaron la mano por irse y 20 por
ciento por quedarse, fue muy evidente. Hubo gente que dijo que yo
había contado mal y tuvo su razón y con gran valentía
se quedó a gritarle al pelele ‘¡viva López
Obrador!’. Eso es lo genial de una democracia, que también
los derechos de la minoría cuentan, pero también creo
que de habernos quedado la situación ya era muy explosiva,
había muchos soldados de civil y cuando salimos estaban entrando
ríos de familias con el papá rapado como se peinan
los militares.
–Froylán Yescas dice que fue el primer acto de masas
que hubo sin la presencia de Andrés Manuel.
–Yo creo que con esta experiencia la CND hizo un acto de madurez,
con una sabiduría muy notable, porque del otro lado de las
vallas no había un anciano ni un niño, todos eran hombres
de entre 20 y 40 años, y en cambio de nuestro lado sí había
mucha gente frágil. Estamos aprendiendo que en esta lucha
por la transformación del país hay que caminar despacio
y sin arriesgar a nadie, porque la vida humana es lo más importante
que hay por encima de cualquier victoria política. Pero lo
mejor de todo es que logramos lo que nos habíamos propuesto,
que era dar el Grito de los libres y al retirarnos protegimos la
integridad física de miles de niños y ancianos que
estaban dentro de una ratonera llena de soldados y provocadores. |