Diputadas y diputados
del Partido de la Revolución
Democrática,
del Partido del Trabajo y del Partido Convergencia:
Compañeras, compañeros:
Amigas y amigos todos:
Este
encuentro tiene el propósito principal de transmitirles,
de manera directa, el sentir de muchos mexicanos de todas las clases
sociales, pero fundamentalmente de los más humildes y pobres
de México, ante la propuesta del gobierno usurpador de aumentar
los impuestos al sector productivo y, de manera especial, ante la
intención de subir el precio de la gasolina y del diesel.
Como
ustedes saben, el fraude electoral del 2 de julio tuvo, entre otros
propósitos, el mantener a toda costa la política
económica que se ha venido imponiendo desde hace 25 años
en beneficio de unos cuantos y que ha resultado un verdadero desastre
para la nación.
Es innegable
que durante más de dos décadas la economía
no ha crecido ni siquiera por encima del aumento de la población
y, por lo mismo, no se han generado empleos.
Por el contrario, se han enajenado bienes de la nación, se
han explotado de manera irracional los recursos naturales, se ha
degradado el territorio, se ha desmantelado la planta productiva
nacional, se abandonó el campo, se ha triplicado la deuda
pública, se ha incrementado como nunca en la historia la desigualdad
económica y social, y se ha empobrecido a millones de mexicanos.
A esto
se suma el evidente deterioro de las instituciones, que han sido
sometidas a los intereses de una minoría rapaz
y se han alejado en lo esencial del mandato constitucional.
Por
todas estas razones, después del fraude, millones de
mexicanos decidimos llevar a cabo una transformación en todos
los órdenes de la vida pública. Sostenemos que los
graves y grandes problemas nacionales sólo podrán enfrentarse
con cambios profundos en lo político, lo económico
y lo social.
Con
esta convicción estamos trabajando desde abajo y con
la gente. Creemos que es posible llevar a cabo una renovación
tajante de la vida pública, de manera pacífica, con
una revolución de las conciencias, que afortunadamente ya
se inició, y con mucha organización y participación
ciudadana.
Pero
al mismo tiempo que trabajamos en la construcción de
una nueva República, nuestro movimiento ha decidido defender
a los sectores productivos, la economía popular y el patrimonio
de la nación.
En otras
palabras, con una mano trabajamos en la organización
para transformar la vida pública de México y con la
otra defendemos al pueblo y a la nación, ante la voracidad
de los potentados y sus testaferros.
En este
marco se explica mi presencia en esta Cámara de Diputados.
Vengo a expresar a nombre de muchos mexicanos, mujeres y hombres,
nuestra inconformidad ante la pretensión del gobierno usurpador
de aumentar impuestos.
Y también vengo a presentar ante ustedes, de manera respetuosa,
una propuesta alternativa para obtener recursos sin dañar
al sector productivo ni a la economía popular.
Desde
la campaña sostuvimos que sin aumentar impuestos y
sin mayor endeudamiento, es posible sacar a México del atraso
en que se encuentra e impulsar el desarrollo del país. Como
es sabido, nuestra propuesta, en esencia, consiste en terminar con
los privilegios fiscales y en reducir el costo del gobierno a la
sociedad.
Sobre
esto último, partimos de un criterio básico:
le cuesta mucho al pueblo mantener al gobierno. Esta situación
ha llegado al absurdo de que el presupuesto, que es dinero de todo
el pueblo, se destina casi de manera exclusiva a mantener a una especie
de casta privilegiada, improductiva y corrupta.
Es como
aceptar que existen dos Méxicos, dos mundos: el del
pueblo que padece cada vez más por carencias, desempleo, salarios
de hambre, pobreza y marginación, y el mundo de la burocracia
privilegiada al servicio de la oligarquía.
No olvidemos
que la enseñanza mayor del presidente Juárez
y de los liberales de su generación consiste en que los funcionarios
públicos no deben contar con fueros o privilegios, ni disponer
del erario en forma irresponsable; los que gobiernan están
obligados a conducirse sin ostentación ni derroche.
El servidor
público debe ser sencillo y actuar
con sobriedad y honradez.
En ninguna
circunstancia, menos aun en situación de estancamiento
económico, desempleo y empobrecimiento, los servidores públicos
pueden disponer del presupuesto para obtener altos salarios, prestaciones,
beneficios y comodidades. Por el contrario, estos recursos deben
canalizarse a la atención de las necesidades apremiantes de
la gente.
La austeridad
no sólo es un asunto administrativo, sino de
principios. La austeridad significa rigor y eficiencia, pero también
justicia. No es concebible un gobierno rico con un pueblo pobre.
Por
todas estas consideraciones, es inaceptable que el gobierno usurpador
esté proponiendo aumentar los impuestos, cuando
lo primero que debería hacer es reducir el oneroso gasto de
la alta burocracia.
¿Con qué autoridad moral proponen aumentar el precio
de la gasolina y del diesel, si un ministro de la Corte gana alrededor
de 500 mil pesos mensuales; o si un ex presidente, como Carlos Salinas,
nos cuesta casi 5 millones de pesos mensuales; o si a costa del erario
se pagan 5 mil millones de pesos al año para el fondo de ahorro
de los altos funcionarios; o si los sueldos de los más encumbrados
burócratas del gobierno son de los más altos de mundo?
Se ha
llegado a tanto en el manejo faccioso del presupuesto público
que desde Fox hasta la fecha el gasto corriente aumentó en
75 mil millones de dólares, mientras que lo destinado a infraestructura
y obra pública sólo se incrementó, en este mismo
periodo, en mil 200 millones de dólares.
Un ejemplo:
el Poder Judicial, en el 2000, tenía un presupuesto
de 13 mil 300 millones de pesos y en 2007 es de 32 mil 800 millones
de pesos; es decir, un incremento en términos nominales de
145 por ciento y en términos reales del 88 por ciento, sin
incluir el donativo o especie de soborno que significó los
70 millones de dólares que recibió del dinero confiscado
al ciudadano mexicano de origen chino.
Es más: la propuesta de reforma fiscal del presidente espurio −léase
aumentos de impuestos− no sólo es injusta sino que significa
golpear aun más al sector productivo del país.
Cualquier
economista, con un poco de sentido común, sabe
que nunca es aconsejable subir impuestos cuando la economía
está debilitándose, porque lo único que se logra
es provocar menos crecimiento y más desempleo.
Tomemos
en cuenta que hay factores externos desfavorables por la crisis
hipotecaria en Estados Unidos que afectan a la industria de la
construcción y al crédito mundial.
Este año, la economía de México crecerá a
la mitad de lo alcanzado el año pasado. Las remesas de los
trabajadores migrantes que habían venido creciendo a una tasa
del 15 por ciento anual, este año se han estancado; la producción
manufacturera creció, el año pasado, en 5.5 por ciento
y en lo que va de este año apenas se mantiene en 0.2 por ciento.
Reitero:
una propuesta de aumento de impuestos en este clima económico
es aberrante y técnicamente errónea, pues no sólo
no atempera el impacto externo negativo, sino que agrava la tendencia
recesiva de la economía y empeora las expectativas del sector
productivo, causando así menor inversión y menos empleos.
Por eso, nos oponemos a que aumenten los impuestos a trabajadores,
profesionistas y a comerciantes y empresarios dedicados al sector
productivo.
Pero sobre todo, rechazamos rotundamente el aumento del 5.5 por
ciento a la gasolina y al diesel.
Aquí quiero recordar que durante la campaña, imitando
una propuesta nuestra, Felipe Calderón se comprometió a
reducir los precios de la gasolina, el gas y la energía eléctrica.
Sin embargo, como es un mentiroso vulgar, se ha esmerado en hacer
exactamente lo opuesto.
En lo
que va de este gobierno usurpador no sólo han aumentado
los precios de estos energéticos, sino el costo de los principales
alimentos de la canasta básica, como son: el fríjol,
el huevo, la leche, el pollo y la tortilla, que han registrado incrementos
en promedio de 38 por ciento, mientras el salario mínimo sólo
aumentó en 3.9 por ciento.
Y, por
si fuera poco, ahora Felipe Calderón está proponiendo
a esta Cámara de Diputados aumentar aun más el precio
de la gasolina y del diesel, lo cual desataría un aumento
generalizado de precios y una mayor carestía.
Diputadas
y diputados:
Seguramente,
como ya lo están diciendo, nuestros adversarios
van a decir que si no hay aumento de impuestos no se podrá financiar
el presupuesto.
Por
eso les propongo que impulsen, desde el Poder Legislativo, un programa
de austeridad que permita, sin aumentar los impuestos, liberar
fondos para el desarrollo del país
y el bienestar de los mexicanos.
Nuestro planteamiento consiste concretamente en obtener ahorros
en el presupuesto del orden de 100 mil millones de pesos.
En primer término, proponemos que los 22 mil millones de pesos
que pretende recaudar el gobierno usurpador con el aumento en la
gasolina y en el diesel, se obtengan de las siguientes partidas:
- Que
se ajuste a la baja la partida 1509 para reducir a la mitad las
percepciones desde el presidente espurio hasta los directores
generales adjuntos del Poder Ejecutivo Federal; que se reduzcan
también a la mitad las percepciones de jueces, magistrados
y ministros de la Suprema Corte de Justicia del Poder Judicial
de la Federación y que, de la misma forma, se reduzcan a
la mitad las percepciones de diputados federales y senadores. Con
este ajuste se obtendría un ahorro de 10 mil millones
de pesos.
- Que
se suprima la partida 1407 del Seguro de Separación
Individualizada, que consiste en un fondo de ahorro especial para
alta burocracia y que se estima para este año en 5 mil 60
millones de pesos.
- Que
se cancele la partida 1406 de Gastos Médicos Mayores,
para atención en hospitales privados de la alta burocracia,
que equivale a 2 mil 300 millones de pesos. ¡Que vayan al
ISSSTE, para que vean lo que siente!
- Que
se cancelen las pensiones a ex presidentes que equivalen a 260
millones de pesos al año.
- Que
se elimine la entrega de bonos discrecionales de fin de año
para los altos funcionarios públicos, que representa una
erogación de 5 mil millones de pesos.
En suma,
con sólo estos ajustes al gasto, no habría
necesidad de aumentar el precio de la gasolina y del diesel.
Pero
también sostenemos que podría llevarse a cabo
una reducción mayor del gasto corriente que permitiera evitar
el aumento de otros impuestos que afectarán al sector productivo.
Diputadas y diputados:
Para
este ejercicio pongo a consideración de ustedes la experiencia
y el conocimiento de especialistas en la materia del Gobierno Legítimo
de México.
Subrayo:
es posible llevar a cabo una profunda reestructuración
del presupuesto nacional y una nueva orientación del gasto
público.
Sabemos que hay mucho despilfarro en el manejo del presupuesto.
Hay mucha tela de donde cortar.
Tenemos
identificadas las partidas en dónde
se pueden hacer ajustes sin afectar a los trabajadores de base
ni los servicios que ofrece el gobierno a la sociedad.
Se trata
exclusivamente de eliminar privilegios de la alta burocracia que,
dicho sea de paso, es de las más
costosas, atrasadas, corruptas e improductivas del mundo.
Asimismo
les recuerdo que la propuesta del presidente espurio sólo
afecta al sector productivo y a la mayoría de los consumidores
nacionales. Es evidente que cumplió fielmente la máxima
de que no se puede tocar al intocable.
Es decir,
se grava al sector productivo de México, pero no
se afecta a quienes usan la Bolsa de Valores para la especulación
financiera. Tampoco combate las prácticas monopólicas
que dañan la competitividad y obligan al consumidor mexicano
a pagar precios exagerados por bienes y servicios.
Amigas
y amigos entrañables:
Diputadas y diputados:
Como
ustedes saben estoy recorriendo desde abajo todo el país.
Me he propuesto visitar los 2 mil 500 municipios de México
y hasta ahora llevo 780 municipios visitados.
En estas
giras pueblo por pueblo, me reúno en las plazas
públicas y establezco comunicación directa con la gente.
En mensajes
de ida y vuelta, en diálogos circulares voy recogiendo
los sentimientos del pueblo y cada vez es más patente la grave
situación económica y social de la mayoría de
la gente.
La actual
política económica y el carácter
antipopular del régimen ha cancelado el futuro de millones
de mexicanos. Para muchos, la única forma de salir adelante
es abandonar el país, porque millones de los que se quedan
viven angustiados por la falta de empleo y no tienen para pagar la
luz, el gas, el pasaje, ni para curarse ni para comer.
Por
eso mismo me han pedido que les notifique que por ningún
motivo y bajo ninguna circunstancia se permita el aumento a la gasolina
y al diesel.
Es por
ello que, de manera respetuosa, les recomiendo que si este tema
se llegara a tratar en esta Cámara, no
vacilen en oponerse.
Pero
no sólo se trata de que voten en contra, porque como
todos sabemos, siempre hay enjuagues en las cúpulas del PRI
y del PAN, y es probable que los diputados de estos partidos logren
mayoría de votos para aprobar el aumento a la gasolina y el
diesel.
De ahí que mi sugerencia respetuosa es que, como verdaderos
representantes del pueblo, pongan en práctica, si es necesario,
acciones de resistencia civil pacífica al interior de esta
Cámara, hasta lograr que se retire dicha iniciativa.
No nos
preocupemos tanto por lo que dirán nuestros adversarios
y por la campaña en contra en los medios de comunicación,
con honrosas excepciones.
Nosotros
estamos bien con nuestra conciencia y lo vamos a seguir estando
si siempre estamos bien con la gente, con el prójimo.
Nosotros sinceramente no queremos la violencia. Precisamente por
eso no debemos permitir que se siga actuando de manera irresponsable,
dejando sin salida a millones de mexicanos que quieren vivir en paz.
Además, no se puede permanecer indiferente cuando se está queriendo
violar el principal principio de los derechos humanos, que es el
derecho a la subsistencia, el derecho a la vida.
Estoy
seguro que ustedes sabrán actuar a la
altura de las circunstancias.
Les
agradezco de todo corazón su presencia.
Muchas gracias. |